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La ciencia de la inspiración: así funciona tu cerebro para que tengas buenas ideas

  • Durante mucho tiempo se ha pensado que este motor de la creación era azaroso, pero ya sabemos que está relacionado con redes neuronales que actúan al margen de la parte racional del cerebro
  • Filósofos, escritores y artistas han hablado de la inspiración a lo largo de la Historia, pero sin explicar su origen. Hoy se investigan los desencadenantes de un proceso tan íntimo
  • Ser inspirador se ha convertido en una característica muy demandada en directivos de grandes empresas

Woody Allen la invoca bajo la alcachofa de la ducha, hasta el punto de que regularmente suele pasar hasta una hora debajo del chorro de agua tratando de alcanzarla. Descartes la buscaba en la cama. Virginia Wolf la perseguía por los parques de Londres. Y Aristóteles, Nietzsche y Hemingway trataban de salir a su encuentro dando paseos.

Hablamos de la inspiración. Un fenómeno fugaz, breve y caprichoso, que surge cuando le apetece, sin previo aviso, que no se puede provocar ni controlar y que es una fuente inagotable de ideas, proyectos, planes, frases, imágenes e incluso sensaciones. Es el motor que hace que arranque la creatividad.

La inspiración, eso que los antiguos griegos consideraban que transmitían las musas, es en realidad un suceso neurológico de extrema complejidad que sólo recientemente la ciencia está comenzando a desentrañar. Es algo tan enigmático que, aunque todo el mundo sabe identificarlo cuando lo experimenta, resulta sin embargo muy difícil definir.

«Estímulo que anima la labor creadora en el arte o la ciencia», establece la Real Academia de la Lengua. «Es un estadio emocional subjetivo, repentino y efímero, en el que de manera concentrada experimentamos sentido y tras el que, generalmente, nos vemos motivados a actuar», explica por su parte Jesús Alcoba González, director de la escuela de negocios La Salle en Madrid y autor de Inspiración. La llama que enciende el alma (Alianza Editorial), un estimulante ensayo que analiza en profundidad ese fenómeno. Un libro que junto con Anatomía de la Inspiración, publicada en 1940 por la investigadora Rosamond Harding, es el que hasta ahora más hondamente excava en ese escurridizo concepto.

Para muchos la inspiración es un momento de iluminación en el que uno se siente atravesado por un potentísimo fogonazo. Otros cuentan que esa vivencia les hace sentir como si se elevaran sobre el suelo. En cualquier caso, es algo que siempre sobrepasa lo cotidiano.

«Es como si, en medio del ruido y del caos, de repente todo se detuviera y durante un rato reinara el silencio. Y, tras ese breve momento, comenzara de nuevo el alboroto», dice Alberto Corazón, artista y diseñador. «La inspiración para mí es una emoción. Y la emoción siempre está ligada al misterio. Yo cada vez la vivo más como una tormenta emocional, cada vez más noto cuando mi cerebro empieza a agitarse y eso me provoca imágenes, palabras...».

El escritor Vladimir Nabokov, por su parte, lo calificaba de resplandor, de latido. En un artículo titulado Inspiración reveló la sacudida que sintió una mañana de 1965 y que le llevó a escribir Ada o el Ardor, una de sus obras más importantes y la que él personalmente prefería. Tras experimentar esa pulsión, cogió un papel y escribió un centenar de palabras dejándose llevar por el arrebato. En esas pocas líneas estaba el germen de la novela.

Lo que está claro es que la inspiración es una experiencia concentrada, que, por lo general, tan sólo dura unos segundos. Y menos mal. Tchaikovsky decía que si ese estado se prolongara sin interrupción, ningún artista podría sobrevivir a él. «Las cuerdas se romperían y el instrumento se haría añicos», señalaba el compositor.
Desde luego, la inspiración es siempre algo subjetivo, un fenómeno absolutamente íntimo. Que se lo digan si no al artista noruego Edvard Munch, quien describía así la fuerte descarga de inspiración que sintió en 1862 y que un año después le empujaría a pintar El grito, su obra más famosa:
«Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la barandilla, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí un grito interminable que atravesaba la naturaleza».
Ninguno de los acompañantes del pintor sin embargo escuchó nada.
Pero, aunque la inspiración nunca se puede provocar directamente, la buena noticia es que hay factores que sí que pueden favorecer y estimular su aparición. De hecho, hay personas que tienen más a menudo momentos de inspiración que otras. «Y yo no creo que eso sea debido a su personalidad, sino a lo que hacen para favorecer su aparición», opina Jesús Alcoba.
Frente a un problema o un asunto importante, la inmensa mayoría de la gente trata de concentrarse, de estrujarse el cerebro. Pero la inspiración funciona justo al contrario. Las investigaciones científicas muestran que suele hacer acto de presencia precisamente cuando el cerebro está reposando, realizando una actividad que no requiere una gran focalización ni un especial esfuerzo de atención. Como ducharse, lavar los platos, pasear o esperar en el coche a que se despeje un atasco.

Cuando se llevan a cabo ese tipo de tareas, se activa la llamada red neuronal por defecto, un conjunto de áreas cerebrales que se encuentran en la corteza prefrontal, parietal y temporal y que se moviliza intensamente cuando la persona está sosegada, sin concentrarse en una tarea concreta. Es cuando parece que no está haciendo nada. Y al revés, cuando centramos nuestra atención en alguna cuestión en concreto, la actividad de la red neuronal por defecto disminuye drásticamente.
«En la ciencia hay un interés creciente por la inspiración, por desvelar qué parte del funcionamiento cerebral la activa. Durante un tiempo se pensó que era algo azaroso, pero hoy se sabe que hay ciertas redes cerebrales que dan lugar a procesos de inspiración», cuenta Sergio Lerma, decano de Ciencias de la Salud del Centro Universitario La Salle e investigador de la Fundación de Investigación Biomédica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. «Sobre todo, hoy sabemos que la inspiración suele surgir cuando hay una inhibición de las redes que hacen que los componentes menos racionales tomen las rienda del cerebro. Eso explica por qué la inspiración surge cuando se realizan tareas que no exigen una gran concentración pero que requieren cierta intimidad, que no exigen una gran demanda de atención hacia los demás».
Los experimentos realizados confirman palmariamente que así es. En 2006, por ejemplo, los psicólogos holandeses Dijksterhuis, Bos, Nordgren y Van Baarenpublicaron en la revista Science un estudio titulado: Tomar la decisión acertada: la deliberación sin atención. Para su investigación, pidieron a un grupo de personas que eligieran el que a su entender era mejor vehículo para comprar entre varios de ellos, de cada uno de los cuales se especificaban 12 características. A un grupo de participantes se le permitía pensarlo, mientras que al otro se le distraía. Pues bien: el grupo que no se había podido concentrar fue el que tomó las mejores decisiones.
«Contrariamente a lo que afirma la sabiduría popular, no siempre es ventajoso enzarzarse en una deliberación consciente antes de decantarse por una elección», concluyen los autores. «En la compra de productos complejos se obtienen resultados bastante más favorables cuando se toman decisiones en ausencia de una atenta deliberación».
Benjamin Baird, investigador del Centro del Sueño y la Conciencia de la Universidad de Wisconsin, y su equipo llegaron en 2012 a un conclusión muy similar. A saber: «Realizar tareas externas sencillas que permiten a la mente divagar puede facilitar la resolución creativa de problemas», sentenciaron, tras hacer varios estudios experimentales con personas y publicar en la revista Science un artículo con el elocuente título de: Inspirados por la distracción: dejar vagar la mente facilita la incubación creativa.

 La ducha, bien lo sabe Woody Allen, es un lugar perfecto para dejar a la cabeza errar a su antojo. Es algo tan notorio que Hansgrohe, un fabricante alemán de sanitarios, decidió investigar al respecto: 4.000 personas fueron entrevistadas y el 72% confirmó que en la ducha se le ocurrían nuevas ideas. Un 17% incluso puso nombre al fenómeno y dijo que ducharse le inspiraba.
«La inspiración es algo que no se puede provocar, es un misterio que se manifiesta. Pero poco a poco estoy aprendiendo a estimularla», revela Alberto Corazón. «En mi caso la conexión mano/cerebro es esencial, así que creo rutinas que favorecen esa conexión. Siempre empiezo haciendo garabatos, es el punto de partida a partir del cual se me empiezan a ocurrir cosas».
Ser capaz de inspirar, de empujar a otros a hacer cosas, se ha convertido en una de las cualidades más valoradas entre los líderes. Un estudio llevado a cabo en 2012 por la compañía IBM entre más de 1.700 dirigentes empresariales de 64 países reveló que inspirar a los demás es una de las tres cualidades clave para un líder. Y un estudio publicado en la revista Harvard Business Review en el que cerca de 50.000 líderes fueron evaluados en 16 aspectos confirmó que la capacidad de inspirar era absolutamente fundamental.
«Cuando hablamos de inspiración hablamos de una emoción, de algo que nos mueve a hacer algo. En el liderazgo, la inspiración es la capacidad de transmitir una visión con energía de manera que haga moverse a las personas», afirma Luis Ezcurra, un alto directivo con 33 años de experiencia a sus espaldas en la industria de las telecomunicaciones y que ha llegado a gestionar un equipo formado por 1.500 personas .
Pero, ¿cómo se logra inspirar a los demás?
«Con el roce, con la conversación, hablando», subraya Ezcurra. «Todos los grandes o pequeños líderes transmiten su visión hablando con los que les rodean, quienes a su vez hablan con otros y así van agrandando el círculo».
«En los próximos años vamos a ver avances científicos importantes y vamos a entender con mayor detalle el fenómeno de la inspiración. Pero creo que nunca lograremos explicarla del todo, tal vez sabremos exactamente qué áreas del cerebro se conectan cuando se desencadena pero es posible que la conexión exacta sea distinta en cada persona», opina Sergio Lerma.
La inspiración es un fenómeno exclusivamente humano. Y, según Lerma, lo seguirá siendo: «La inteligencia artificial será capaz de generar ideas innovadoras, pero no va a tener el punto mágico de la inspiración, eso que revoluciona y transforma el mundo. Eso, creo yo, va a seguir siendo una cualidad exclusivamente humana».

Fuente: El Mundo

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