“Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Pocas frases resumen mejor el sentido de una iniciativa que, estos días, está tomando forma en un colegio de Pinto, donde la Clínica Universitaria La Salle ha decidido sacar la innovación terapéutica de su espacio habitual para ponerla al servicio de la vida cotidiana, la inclusión y la autonomía de una niña
La protagonista es Eva. Dos días a la semana, Blanca, fisioterapeuta de la Clínica Universitaria La Salle, se desplaza hasta su centro escolar para realizar con ella sesiones de fisioterapia robotizada mediante el exoesqueleto de marcha de la Clínica. No se trata solo de acercar una tecnología avanzada, se trata de llevar esa intervención al lugar donde la niña aprende, convive, juega y construye su participación diaria, su instituto.
El segundo día de intervención dejó una escena especialmente significativa. Eva participó en un proceso inmersivo diseñado para que la terapia dejara de ser un ejercicio aislado y se convirtiera en una experiencia funcional, motivadora y conectada con su realidad. La simulación era tan sencilla como poderosa, tenía que desplazarse hasta la dirección del centro porque, supuestamente, le habían puesto un parte. Detrás de esa situación había una lógica clínica bien definida: convertir el movimiento en una tarea con sentido, con carga emocional y con un objetivo comprensible para Eva.
En esa jornada participó Pablo, su fisioterapeuta escolar, junto con todo el equipo docente del centro. Y ahí reside una de las claves de esta acción solidaria, no fue solo una sesión de tratamiento, sino una intervención compartida en la que el entorno educativo se convirtió en parte activa del proceso terapéutico. La evidencia científica más reciente sugiere que las intervenciones de fisioterapia desarrolladas en contextos escolares pueden favorecer la participación del alumnado cuando se vinculan a actividades significativas y funcionales, aunque también señala que todavía hacen falta más estudios específicos para orientar plenamente la práctica en este ámbito (Alexander et al., 2025).
También desde el punto de vista clínico, la experiencia resulta especialmente relevante. Durante la intervención se ha observado una mejora en la asistencia requerida por Eva, reduciendo la fuerza ejercida por los motores del exoesqueleto. Conviene ser rigurosos ya que un hito puntual no sustituye a una evaluación longitudinal. Pero sí encaja con lo que viene señalando la literatura reciente sobre entrenamiento robotizado de la marcha en parálisis cerebral, que describe resultados prometedores para la recuperación funcional del miembro inferior y la mejora del rendimiento de la marcha, aunque con efectos variables según la dosis terapéutica, el tipo de sistema robótico y su combinación con otras intervenciones (Chen et al., 2025; Wang et al., 2023).
Ese matiz es importante, porque lo valioso no es solo disponer de tecnología, sino utilizarla con criterio clínico, personalización y objetivos funcionales reales. Precisamente esa necesidad de reducir la distancia entre lo que recomienda la evidencia y lo que sucede en la práctica diaria ya fue subrayada en un trabajo firmado, entre otros autores, por el profesor Sergio Lerma Lara (director de la Clínica Universitaria La Salle), que analizó la brecha entre investigación y práctica clínica en fisioterapia pediátrica en parálisis cerebral en España (Sanchez et al., 2022).
Lo que está ocurriendo en Pinto expresa, además, con claridad tres ejes profundamente lasalianos. En primer lugar, la mirada a la periferia, entendida como la capacidad de ir allí donde está la necesidad y de acercar recursos avanzados a quienes no siempre los tienen a su alcance. En segundo lugar, la innovación, no como escaparate, sino como herramienta concreta para mejorar la vida de las personas. Y, en tercer lugar, el acompañamiento, porque la verdadera transformación no sucede solo cuando una tecnología funciona, sino cuando una persona se siente sostenida por un equipo que camina con ella.
Hay avances que se miden en parámetros biomecánicos y en indicadores terapéuticos. Y hay otros que se perciben en algo más difícil de cuantificar, pero igual de decisivo, la emoción de una niña que participa, la implicación de un instituto entero y la certeza de que la fisioterapia puede entrar en la vida real sin perder rigor. Esta iniciativa reúne ambas dimensiones. Por un lado, el potencial de la fisioterapia robotizada para favorecer procesos de marcha más activos y personalizados. Por otro, la fuerza de una intervención construida desde la cercanía, la creatividad y el trabajo en red entre profesionales sanitarios y comunidad educativa (Alexander et al., 2025; Chen et al., 2025).
En un momento en que la innovación corre el riesgo de convertirse en una palabra vacía, esta experiencia devuelve al término su verdadero significado. Innovar es hacer posible lo que parecía lejano. Acompañar es estar presentes en cada paso. Y mirar a la periferia es comprender que, a veces, el verdadero centro está justo allí donde una niña descubre que puede avanzar un poco más que ayer.
Esta acción ha sido posible gracias al esfuerzo solidario de la Clínica Universitaria La Salle, la empresa BTL, la Fundación Creciendo y la empresa Somos Cinco.



